Queridos amigos,

La memoria anual de Ayuda en Acción que tengo el placer de compartir con vosotros es el reflejo 
de lo más destacado de nuestro trabajo en 2016. Pero es también, para todo nuestro equipo, 
una oportunidad para valorar si los compromisos que nos marcamos en nuestra última Estrategia institucional 2015-2018 están en camino de cumplirse. Estos compromisos respondían a los retos 
a los que como organización y como sociedad nos enfrentamos.

Uno de estos retos y de nuestros compromisos era el de responder al fenómeno de la creciente movilidad humana, fruto de conflictos, de la violencia o de las consecuencias del cambio climático, 
que imposibilitan a millones de seres humanos llevar a cabo un proyecto de vida digna o de preservar, simple y llanamente, su propia vida en sus lugares de origen. Ante esto, Ayuda en Acción ha apostado por trabajar para evitar el sufrimiento de millones de personas vulnerables. Y lo ha hecho, por ejemplo, trabajando en Etiopía en Adi Arush, uno de los mayores campos de refugiados que existen el mundo, interviniendo en el denominado Triángulo Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) donde vivimos 
la realidad de los desplazamientos forzados por nuevas formas de violencia y crimen organizado o, 
en los últimos años, en Colombia, atendiendo a la población retornada después de décadas de conflicto.

Otro de los grandes retos es la respuesta frente al cambio climático y en fomentar la resiliencia – que 
no es otra cosa que la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse 
a ellas –. Sirva como ejemplo en 2016 nuestra respuesta al fenómeno global del Niño en América Latina o África, que se ha traducido en la pérdida de cosechas y vulnerabilidad alimentaria, y cuyas consecuencias hemos intentado paliar desde Ayuda en Acción llevando agua en cisternas o incluso burros en Etiopía o desarrollando estrategias de adaptación climática y gestión de riesgos en el 
Corredor Seco Centroamericano.

Además de estos desafíos, tenemos que destacar el de la innovación, reto y oportunidad a un tiempo. Nuestra respuesta en este sentido ha sido conectar a los colectivos más vulnerables con la tecnología 
a través, por ejemplo, de nuestro proyecto GEN1OS. En 2016 también hemos mantenido un reto constante: nuestra labor en la defensa de los derechos de la infancia y de las mujeres, desde el convencimiento que no habrá sociedad justa de ningún tipo a no ser que estos colectivos accedan plenamente a todos sus derechos. Buena prueba de ello son nuestros logros en Nepal, donde hemos conseguido que miles de mujeres y niñas salgan de las mafias de la esclavitud sexual, o los pequeños negocios que hemos impulsado en América Latina y que han puesto en manos de las mujeres herramientas en la lucha por la igualdad. También hemos tratado de responder al propio reto de la transparencia y la rendición de cuentas que la sociedad exige a las ONG; de ahí que queramos poner 
el énfasis en esta memoria cuyo formato cambió hace tres años para que nuestros datos sean más accesibles para todos aquellos que nos quieran conocer.

No quiero cerrar esta carta sin mencionar, una vez más, a nuestros colaboradores, hombres y mujeres individuales que no conciben una sociedad más justa sin arrimar el hombro con sus recursos, su tiempo, conocimiento o actitudes, o las empresas y agencias, igualmente comprometidas en el cumplimiento de una misión común: un mundo sostenible y justo para todos y todas.

Un saludo cordial,

 

Fernando Mudarra – Director General de Ayuda en Acción