Estimados amigos y amigas,

 

El 2019 se despidió con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la llamada COP25. Un encuentro que se tenía que haber realizado en Chile y que, por la enorme conflictividad social que vivía el país en ese momento, tuvo que organizarse finalmente en Madrid. Esta conferencia y su traslado ejemplifican las tres grandes crisis globales que afrontamos como sociedad: la crisis medioambiental, la crisis del modelo económico que genera cada vez mayores desigualdades y la crisis social en la que deviene el descontento de los colectivos más desfavorecidos y en donde se catalizan con mayor fuerza sus consecuencias: pobreza, desigualdad, hambre, violencias, conflictos, desplazamientos forzados masivos de personas y también enfermedades.

 

Estas crisis y sus consecuencias han sido los focos sobre los que hemos centrado nuestra nueva estrategia para el periodo 2019-2021. Se trata de un marco de actuación que nos centra más todavía en la adaptación al cambio climático, la generación de mayores oportunidades de vida mediante la educación y el empleo, la protección frente a la violencia y la intolerancia, o el trabajo humanitario en las crisis de todo tipo.

 

Puede parecer que la palabra crisis monopoliza estas líneas, pero es que estamos ante un conjunto de desafíos que han venido para quedarse y que se superponen unos a otros. Hablamos de crisis climáticas que provocan que el hambre haya crecido en los últimos tres años hasta llegar a los 822 millones de personas. Hablamos de un incremento de los eventos atmosféricos extremos, como los ciclones Idai y Kenneth, que asolaron Mozambique y en donde nuestra respuesta no estuvo sólo orientada a lo humanitario y a la atención urgente a las necesidades básicas de cobijo, alimento y salud, sino a la reconstrucción de los medios de vida. También destaco nuestra respuesta a las migraciones forzosas de millones de personas en Centroamérica, Etiopía, Uganda o Venezuela, donde desarrollamos respuestas regionales junto a la población migrante, en tránsito y de acogida.

 

Estas notas sobre nuestro trabajo en 2019 las escribo bien entrado el 2020. Por ello, no puedo terminar estas líneas sin hacer mención a la enorme pandemia de la COVID-19 que estamos sufriendo globalmente. Una pandemia que además de millones de muertes también está originando muchos millones de víctimas indirectas debido a una crisis económica que castiga con más dureza a los bolsillos de quienes ya partían con desventaja. Quisiera despedirme recordando que la COVID-19 nos debe mostrar que, frente a los problemas globales como las pandemias, la pobreza, la desigualdad o la emergencia climática, sólo es posible una respuesta global y unida. Sólo hay un planeta y una vacuna para salvarlo: la defensa de los derechos humanos.

 

Jaime Montalvo – Presidente de Ayuda en Acción